Hay momentos en la vida en los que no dudas, en los que, pase lo que pase, quieres vivir esa sensación de libertad, de dejarse llevar. Momentos en los que no hay miedo, ni vacilación. Solo tú y esa o esas personas con las que compartes tu vida. Momentos en los que solo te apetece hacer una cosa: reírte a carcajadas de alguna tontería, decirles «te quiero» a tus amigas, comer helado, dibujar un corazón, escribir una canción, pintar caritas sonrientes en el vaho del espejo. Son esos momentos, instantes perfectos, que te evocan alguna cosa que significa mucho para ti; los que flotan sobre tu memoria, los que quieres recordar siempre. Son escasos, pero ocurren. Simplemente hay que esperar a la ocasión, entonces verás una señal... y podrás dejarte llevar*.

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